Soliloquio con la pared

Verborrea para olvidar y hacer que otros no lo hagan.

DIA 1

La  mamá de Ana llora en un baño.

Su hija nació aberrada y no es capaz de sonreírle a una familia que le da nauseas.

Se pregunta que hizo para merecer tal martirio.

Se sienta en la mesa y acaricia la mejilla de su marido que no para de mirar a la hija de su mejor amiga.

Ana se levanta de la mesa y se excusa para ir al baño.

Se acomoda el vestido que esconde las cicatrices en sus antebrazos,

Los orificios desaparecieron pero las manchas no.

Se acerca al excusado,

Vomita pollo, ensalada, pedazos de chocolate mezclados con jugo de mandarina, mientras tararea una canción de Nacho Vegas.

Se limpia las lagrimas,

Se soba lo nudillos ensangrentados,

Se observa en el espejo y se peina.

Sale y se dispone a contarle a la familia lo cambiada que ha estado su vida desde que el trabajo le roba todo su tiempo y ha encontrado un agradable lugar para vivir.

Habla de lo hermosa que es la vida y de todo lo que ha aprendido.

Se refiere a si misma como una sobreviviente que ha podido madurar y superar todos sus errores del pasado.

Ellos la felicitan y ríen.

Su padre mira de reojo las piernas de la hija de la mejor amiga de la mamá de Ana.

Hacen un brindis y se proclaman su amor.

Mientras Ana por debajo de la mesa intenta llamar al hospital psiquiátrico en donde se encuentra interna su hermana.

Mierda! Le brota una lagrima, con un trapo la seca.

Como estas de bella, le dice a Ana su tío.

Es la felicidad, ella contesta.

En la mesa contigua…

Un hombre solitario refugiado en un libro y un café se pregunta el porque nunca llego a tener lazos tan unidos con los suyos.

Al final se adentra más en su lectura y entretanto concluye que ese tipo de felicidad es un algo que debe estar reservado sólo para la gente bonita.

Viviendo del polvo
Hay polvo en el piso,
Son las 3am y sigo limpiándolo,
Ayer eran las 4am y creí haber limpiado bien,
Aun así está mañana todo estaba gris y sucio.
Sucio.
Andrea me dijo que seguramente era mi cuarto yo le respondí que Burrogs hubiese querido tenerme acá años atrás.
Sigo mirando las telas que cuelgan del techo.
Se me asemejan a las olas del mar que poco a poco van a desapareciéndose en mi memoria,  como el verme impedida al poner los pies en el suelo cada mañana ya lo hizo.
Caen cenizas y sigo limpiando.
Los momentos en la que el agua laceraba mi sexo después de noches de embrutecimiento son ahora parte de la cotidianidad.  
El agua me castiga pero sigue siendo sucia.
Oigo gritos por las paredes tapizadas de mi cuarto.
La mañana a la que confiaba mis sueños se filtra por las ventanas con marcos de madera y con mis ojos inyectados les ruego que me obligue a cerrarlos.
Mi remera blanca ahora es gris.
Es el mismo monólogo de siempre, que no para.
Las cajas recubiertas traídas directamente desde el país que abandoné fueron las que ayudaron a (desvanecer) el bombardeo de palabras en aquel tiempo, ahora en el cajón se pudren mientras el monólogo continúa.
¿Estupidez o  simple placer?
Antes eran los lápices quienes me obligaban a desgarrarme sobre un papel,
Ahora son los códigos binarios los que hacen sangrar mis dedos y con las teclas  ayudan a limpiar mi cabeza.
Tengo que pasar un trapo para quitar el polvo que cae sobre ellas.
Pero mientras lo hago quisiera contribuir a contaminar al próximo este dispuesto a escuchar mis lamentos a través del polvo que recubre mis palabras.

Viviendo del polvo

Hay polvo en el piso,

Son las 3am y sigo limpiándolo,

Ayer eran las 4am y creí haber limpiado bien,

Aun así está mañana todo estaba gris y sucio.

Sucio.

Andrea me dijo que seguramente era mi cuarto yo le respondí que Burrogs hubiese querido tenerme acá años atrás.

Sigo mirando las telas que cuelgan del techo.

Se me asemejan a las olas del mar que poco a poco van a desapareciéndose en mi memoria,  como el verme impedida al poner los pies en el suelo cada mañana ya lo hizo.

Caen cenizas y sigo limpiando.

Los momentos en la que el agua laceraba mi sexo después de noches de embrutecimiento son ahora parte de la cotidianidad. 

El agua me castiga pero sigue siendo sucia.

Oigo gritos por las paredes tapizadas de mi cuarto.

La mañana a la que confiaba mis sueños se filtra por las ventanas con marcos de madera y con mis ojos inyectados les ruego que me obligue a cerrarlos.

Mi remera blanca ahora es gris.

Es el mismo monólogo de siempre, que no para.

Las cajas recubiertas traídas directamente desde el país que abandoné fueron las que ayudaron a (desvanecer) el bombardeo de palabras en aquel tiempo, ahora en el cajón se pudren mientras el monólogo continúa.

¿Estupidez o  simple placer?

Antes eran los lápices quienes me obligaban a desgarrarme sobre un papel,

Ahora son los códigos binarios los que hacen sangrar mis dedos y con las teclas  ayudan a limpiar mi cabeza.

Tengo que pasar un trapo para quitar el polvo que cae sobre ellas.

Pero mientras lo hago quisiera contribuir a contaminar al próximo este dispuesto a escuchar mis lamentos a través del polvo que recubre mis palabras.

CORDEL 
Empecé esperando un final
El final trajo consigo cenizas y escombros que dejaron a su paso pinceladas de cal imborrables sobre mi piel. 
Aun así, mi pie izquierdo se adelanto al derecho y pisó nuevamente el suelo.
Está vez:
Un beso. Tócate: ¿Cómo es tu nombre?
Indolencia. Veneno: ¡No puedes dormirte! Felipe me golpea en el brazo para que reaccione. Estábamos en un bus. Cuando desperté la señora de al lado gritaba. Pensaba que yo estaba muerta.
Un pasaporte quemado. Dos moscas pululantes: La conversación resulta para X como la patética banda sonora que ofrecen los espectadores al verlo sumido en el silencio, aparentemente observando como su insignificante vida se ve reducida en lo que fueron hojas del libro de Borges que lograron sobrevivir al incendio.
Frustración. En mi cuarto siempre son las 6, he olvidado (o no) cambiarle las pilas al reloj.
Ahora ultimo cable se ha roto y el reloj empieza a girar.
¿Cuantos cables quedaban antes de que fueran las 6?
- En la cama de uno pasas a la cama de otro.
Roto
- Con una sabana  te intentas colgar del tubo del baño de tu casa.
Roto
- El liquido sube por tus brazos. Ardor. Te taladra la cabeza. Las mejillas tiene el tamaño de bolas de basket. Bang. Se funde a negro.
Roto
-  Tus padres te corretean, te escondes debajo de la cama. La doctora llama, si no sales, te internan. Una mano te agarra, es un monstruo de 8 patas, te viste. Sales para entrar en la caja amarilla con mil ojos observando lo diferente que eres.
Roto
- Dos X esperan que reacciones, pero las manchas oscuras en la pared sostenidas casi por unos cuantos ladrillos te succionan hacia el vacío. El fuego lo devoró.
Roto.
- Ellos callan, tu no entiendes.
Roto.
- Abres los ojos. ¿Por qué?.
Roto
- Ríes con ellos… ¿de que lo hacen?
Roto
-  Deja de llorar
Roto
- Sobredosis.
Roto
- Luz
Roto
- Pensar
Roto
- Vacío
Roto
- Positivismo
Roto
- Negativismo
Roto
- Positivismo
Roto
- Cansancio
Roto
- Ayuda
Roto
- Fuego
Roto
- A
Roto
¿Ahora?
Con los dedos de los pies aferrados al suelo, esperando hasta que las sombras terminaran de hablar. 
Con los cordones de las botas amarrados a los parpados y antes de utilizarlos para ahorcarme… 
Decidí escribir.

CORDEL

Empecé esperando un final

El final trajo consigo cenizas y escombros que dejaron a su paso pinceladas de cal imborrables sobre mi piel.

Aun así, mi pie izquierdo se adelanto al derecho y pisó nuevamente el suelo.

Está vez:

Un beso. Tócate: ¿Cómo es tu nombre?

Indolencia. Veneno: ¡No puedes dormirte! Felipe me golpea en el brazo para que reaccione. Estábamos en un bus. Cuando desperté la señora de al lado gritaba. Pensaba que yo estaba muerta.

Un pasaporte quemado. Dos moscas pululantes: La conversación resulta para X como la patética banda sonora que ofrecen los espectadores al verlo sumido en el silencio, aparentemente observando como su insignificante vida se ve reducida en lo que fueron hojas del libro de Borges que lograron sobrevivir al incendio.

Frustración. En mi cuarto siempre son las 6, he olvidado (o no) cambiarle las pilas al reloj.

Ahora ultimo cable se ha roto y el reloj empieza a girar.

¿Cuantos cables quedaban antes de que fueran las 6?

- En la cama de uno pasas a la cama de otro.

Roto

- Con una sabana  te intentas colgar del tubo del baño de tu casa.

Roto

- El liquido sube por tus brazos. Ardor. Te taladra la cabeza. Las mejillas tiene el tamaño de bolas de basket. Bang. Se funde a negro.

Roto

-  Tus padres te corretean, te escondes debajo de la cama. La doctora llama, si no sales, te internan. Una mano te agarra, es un monstruo de 8 patas, te viste. Sales para entrar en la caja amarilla con mil ojos observando lo diferente que eres.

Roto

- Dos X esperan que reacciones, pero las manchas oscuras en la pared sostenidas casi por unos cuantos ladrillos te succionan hacia el vacío. El fuego lo devoró.

Roto.

- Ellos callan, tu no entiendes.

Roto.

- Abres los ojos. ¿Por qué?.

Roto

- Ríes con ellos… ¿de que lo hacen?

Roto

-  Deja de llorar

Roto

- Sobredosis.

Roto

- Luz

Roto

- Pensar

Roto

- Vacío

Roto

- Positivismo

Roto

- Negativismo

Roto

- Positivismo

Roto

- Cansancio

Roto

- Ayuda

Roto

- Fuego

Roto

- A

Roto

¿Ahora?

Con los dedos de los pies aferrados al suelo, esperando hasta que las sombras terminaran de hablar.

Con los cordones de las botas amarrados a los parpados y antes de utilizarlos para ahorcarme…

Decidí escribir.

El cuerpo indecente.
“Ese gran olvidado”Antonin Artaud
Sobreviviente de batallas, la distinción honorífica se aprecia en el instante en que se es conciente del panorama.  
Me abro paso entre la masa uniforme mortuoria. S
ólo mi cuerpo, mi condenada materia es la única que puede atestiguar lo ocurrido, de lo contrario aquello estaría confinado a permanecer en las estanterías de la memoria.
Nunca del olvido.
Si llegase a olvidar estaría condenada a permitirle al tiempo que continúe jugando.
El máximo purificador arrasa los rastros del ayer, un torrente de agua los conduce a la nada, donde según Unamuno habitan las ideas, o en éste peculiar caso, donde se congregan los recuerdos.
Me acerco a un conducto fluvial y algo me detiene. Una figura etérea de tonalidad grisácea se evidencia sobre el charco de inmundicia. Recuerdo haber pensado que aquella forma onírica encubría tenuemente algún rasgo de humanidadHubiese querido poder eternizar esos lapsos temporales en los que mis ojos hipnotizados posaron su visión en el reflejo. En trance, descubrí cómo el tiempo emprende nuevamente una de sus maniobras sobre mi cabeza y engendra allí una creciente obsesión para manipular su trayecto. Más adelante, lector, profundizaré en el tema.
Mi limitada visión me invalidó para apreciar el juego de trazos lumínicos.Conceptos danzantes se conmutan para la captura de un único instante.
Un pensamiento casi enloquecedor se apoderó de mi conciencia, esa desfigurada y cambiante materia era yo. Y esos sutiles cambios de consistencia son los fantasmas de los derrotados cuerpos que emprendieron una lucha por la supervivencia de aquellas batallas.
Sí, lector, esas contiendas que libramos de modo continuo con los obstáculos que nos sobrepone la vida y por sobretodo en contra de los óbices que nos imponemos para evitar el desgarrador enfrentamiento con nosotros mismos.
“Mi cuerpo es un campo de batalla”, dijo Barbara Kruger.
El terreno árido es mi pasado, presente y futuro. Conducidos a mi pesar, hacia una constante lucha invo- luntaria por la supervivencia. Mis espectros reclaman reconocimiento a costa de mi cordura. Mi cuerpo es el único que perdura; la tumba de lo que fue en algún momento, se expande a lo largo de la vereda, mientras persisto en la marcha hacia la resolución final. El día en que la eternidad y yo seamos una. Alguna vez alguien me dijo que el cuerpo es el locutor del alma. Para mí, el cuerpo es el canal que expele lo que se le escapa a las palabras.
Mis brazos, mis piernas, mi rostro, mis venas, mis in- testinos, mi senos, me hablan, pero no los oigo, sólo los veo.  La imagen como cordel que comunica perfectamente lo visual con lo sensitivo.
Y así como la mano bulímica provoca silenciar culpas, encontré que la desnudez me incita a liberar mi basura interna e impregnarla de palabras en está hoja.

El cuerpo indecente.

“Ese gran olvidado”
Antonin Artaud


Sobreviviente de batallas, la distinción honorífica se aprecia en el instante en que se es conciente del panorama.  

Me abro paso entre la masa uniforme mortuoria. S

ólo mi cuerpo, mi condenada materia es la única que puede atestiguar lo ocurrido, de lo contrario aquello estaría confinado a permanecer en las estanterías de la memoria.

Nunca del olvido.

Si llegase a olvidar estaría condenada a permitirle al tiempo que continúe jugando.


El máximo purificador arrasa los rastros del ayer, un torrente de agua los conduce a la nada, donde según Unamuno habitan las ideas, o en éste peculiar caso, donde se congregan los recuerdos.

Me acerco a un conducto fluvial y algo me detiene. Una figura etérea de tonalidad grisácea se evidencia sobre el charco de inmundicia. Recuerdo haber pensado que aquella forma onírica encubría tenuemente algún rasgo de humanidad
Hubiese querido poder eternizar esos lapsos temporales en los que mis ojos hipnotizados posaron su visión en el reflejo. En trance, descubrí cómo el tiempo emprende nuevamente una de sus maniobras sobre mi cabeza y engendra allí una creciente obsesión para manipular su trayecto. Más adelante, lector, profundizaré en el tema.


Mi limitada visión me invalidó para apreciar el juego de trazos lumínicos.
Conceptos danzantes se conmutan para la captura de un único instante.


Un pensamiento casi enloquecedor se apoderó de mi conciencia, esa desfigurada y cambiante materia era yo. Y esos sutiles cambios de consistencia son los fantasmas de los derrotados cuerpos que emprendieron una lucha por la supervivencia de aquellas batallas.


Sí, lector, esas contiendas que libramos de modo continuo con los obstáculos que nos sobrepone la vida y por sobretodo en contra de los óbices que nos imponemos para evitar el desgarrador enfrentamiento con nosotros mismos.

“Mi cuerpo es un campo de batalla”, dijo Barbara Kruger.


El terreno árido es mi pasado, presente y futuro. Conducidos a mi pesar, hacia una constante lucha invo- luntaria por la supervivencia. Mis espectros reclaman reconocimiento a costa de mi cordura. Mi cuerpo es el único que perdura; la tumba de lo que fue en algún momento, se expande a lo largo de la vereda, mientras persisto en la marcha hacia la resolución final. El día en que la eternidad y yo seamos una. Alguna vez alguien me dijo que el cuerpo es el locutor del alma. Para mí, el cuerpo es el canal que expele lo que se le escapa a las palabras.

Mis brazos, mis piernas, mi rostro, mis venas, mis in- testinos, mi senos, me hablan, pero no los oigo, sólo los veo.  La imagen como cordel que comunica perfectamente lo visual con lo sensitivo.


Y así como la mano bulímica provoca silenciar culpas, encontré que la desnudez me incita a liberar mi basura interna e impregnarla de palabras en está hoja.